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25/07/2019

El reposo, la actividad y la artritis reumatoide

De manera general en los pacientes con artritis reumatoide el descanso, con un número adecuado de horas de sueño, mejora la sensación de cansancio y la fatiga que produce la enfermedad, recomendándose dormir una media de 8 -10 horas nocturnas, aunque en algunas personas este síntoma puede ser muy intenso y predominante, incluso más que el dolor, si esto sucede, quizás sea necesario aumentar las horas de descanso y aprender a regular mejor el ritmo de sus actividades.

Durante el descanso también se deben tener consideraciones como la de mantener una postura adecuada en la cama poniendo especial atención en las manos y las piernas que deben estar estiradas, para que no se doblen las articulaciones. Es recomendable que la cama sea dura y la almohada baja para descansar la cabeza y no utilizarlas para situarlas debajo de las rodillas.

Esta estudiado que el músculo puede perder 30% de su volumen en una semana y más del 5% de su fuerza por día de reposo estricto en cama. Por esto actualmente en el manejo de los pacientes con artritis reumatoide, se trata de evitar el reposo prolongado porque favorece la disminución de la fuerza y el volumen muscular.

Teniendo en cuenta que la artritis reumatoide puede tener manifestaciones extra articulares a nivel de otros órganos como el aparato respiratorio y cardiovascular está determinado que el reposo prolongado también afecta negativamente estos órganos.

En el caso de la mecánica ventilatoria el reposo prolongado, condiciona un patrón restrictivo funcional y esto lleva a la aparición de complicaciones como: atelectasias, neumonía, infección agregada e hipoxia.

En el aparato cardiovascular aumenta el trabajo cardíaco, disminuye la función propiciada por el aumento de la frecuencia cardíaca, disminuye el tiempo de llenado ventricular, disminuye el volumen sistólico y el gasto cardíaco.

Por otra parte la actividad física es importante como parte del tratamiento en la artritis reumatoide. Estudios científicos han demostrado que el ejercicio puede reducir el dolor, mejora la rigidez, la limitación de los movimientos, mejora la funcionalidad, el estado de ánimo, fortalece los músculos, mejora el sueño, fortalece el corazón, ayudar a adelgazar y mejorar la apariencia física, ayuda a controlar otras afecciones crónicas comunes, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares y la obesidad, comorbilidades frecuentes en estos pacientes y como resultado, mejora considerablemente la calidad de vida.



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